Zamora se recorre a pie, sin prisa y con la piedra dorada calentándose al sol de la tarde. Es una ciudad pequeña, de las que se entienden en dos días y se quedan contigo bastante más. Si estás pensando en pasar Zamora en un fin de semana, aquí tienes un plan sencillo: un primer día para la ciudad, su románico y su cocina, y un segundo día para salir hacia Toro, sus viñedos y sus bodegas.

Día 1: descubre los imprescindibles de Zamora
El primer día es para la ciudad. Deja el coche aparcado y camina: todo lo importante del casco histórico está a pocos minutos a pie, sobre una loma que mira al Duero.
Del casco histórico a la Catedral y el Castillo
Empieza por la Plaza Mayor, con la iglesia de San Juan y el Ayuntamiento Viejo, y baja por la calle Balborraz, una de las más antiguas y empinadas de la ciudad, llena de tiendas pequeñas y portales de piedra. Desde ahí, sube hacia el oeste siguiendo la rúa de los Francos hasta el extremo del casco antiguo.
Allí te esperan los dos grandes símbolos de Zamora. La Catedral de Zamora, del siglo XII, se reconoce de lejos por su cimborrio cubierto de escamas de piedra, de inspiración bizantina, que no se parece a ningún otro de la península. Justo al lado, el Castillo de Zamora conserva sus murallas y su foso, y desde lo alto se ve la ciudad entera con el río a los pies. Los jardines que lo rodean, con las esculturas de Baltasar Lobo, son un buen sitio para sentarse un rato.
Románico, paseo junto al Duero y gastronomía zamorana
Zamora es una de las ciudades con más templos románicos de Europa: más de una veintena repartidos por el casco histórico. No hace falta verlos todos. Basta con ir cruzándote con ellos mientras paseas: San Pedro y San Ildefonso, la Magdalena, Santiago del Burgo, San Cipriano.
Por la tarde, baja al río. Cruza el Puente de Piedra, medieval, y camina por la orilla hasta las Aceñas de Olivares, los antiguos molinos sobre el Duero. Con la luz baja, la vista de la catedral desde el otro lado del río es probablemente la mejor postal de la ciudad.

Si te queda energía antes de cenar, sube de nuevo al casco histórico por las cuestas que salen del río. Es el momento en que la piedra cambia de color, se encienden las farolas y las iglesias se quedan en silencio. Zamora tiene esa calma de ciudad que no necesita llamar la atención para que te quedes un rato más.
Y para cenar, la gastronomía zamorana no tiene trampa: arroz a la zamorana, bacalao a la tranca, garbanzos de Fuentesaúco, ternera de Aliste y queso zamorano. Si vas de tapas, la zona de la Plaza Mayor y sus calles cercanas se llenan en cuanto cae el sol. Pide un tinto de Toro para acompañar: está a media hora y se nota en las cartas.
Día 2: una excursión desde Zamora que merece la pena
El segundo día, sal de la ciudad. A unos 30 kilómetros por la carretera que sigue el Duero hacia el este está Toro, con su propia historia, su colegiata y una de las denominaciones de origen con más carácter de España. Si ya conoces lo básico de la ciudad, en nuestro blog tienes también algunos planes diferentes Zamora para alargar la escapada.
Visita una bodega y descubre los viñedos de Toro
La mañana es para el vino. La DO Toro es tierra de Tinta de Toro, la variedad local de la tempranillo, que aquí da tintos intensos, con cuerpo y mucha fruta. El paisaje lo explica todo: viñas bajas sobre suelos de arena y canto rodado, veranos calurosos y noches frías.

En Monte la Reina, en la carretera entre Zamora y Toro, puedes recorrer el viñedo, bajar a la bodega, notar el frío de la sala de barricas y terminar con una cata de nuestros vinos. Es una buena forma de hacer enoturismo sin complicarte: todo está en la misma finca y no hace falta conducir de una bodega a otra. Consulta las visitas disponibles de enoturismo en Toro y reserva con antelación, sobre todo en fin de semana.
Completa la escapada con una visita a Toro
Después de comer, acércate a Toro. La Colegiata de Santa María la Mayor domina la ciudad desde lo alto, y dentro guarda el Pórtico de la Majestad, una portada gótica que todavía conserva su policromía original. Pasea hasta la Torre del Reloj y termina en el mirador del Espolón, con la vega del Duero abierta a tus pies. A la hora de la puesta de sol, es difícil encontrar un sitio mejor.

Consejos para organizar tu fin de semana en Zamora
- Dónde dormir. Puedes alojarte en el casco histórico de Zamora o, si quieres despertarte entre viñedos, en nuestro hotel castillo en Toro, en la misma finca que la bodega.
- Cuándo ir. Primavera y otoño son las mejores épocas: temperaturas suaves y el viñedo en su mejor momento. En Semana Santa la ciudad se transforma y se llena, así que reserva con mucha antelación.
- Cómo moverte. El primer día, a pie. El segundo necesitarás coche para llegar a la bodega y a Toro.
- Reserva las visitas. Las visitas a bodega tienen plazas limitadas y horario fijo, normalmente por la mañana.
- Deja hueco para comer sin prisa. La gastronomía zamorana se disfruta en mesas largas, no en un bocado entre monumento y monumento.

Zamora en un fin de semana da para mucho: románico, río, buena mesa y una excursión al corazón de la DO Toro. Si te apetece que tu escapada termine entre viñedos, te esperamos en Monte la Reina.